domingo 15 de noviembre de 2009

San Martiño lluvioso

Navegar sin temor
por Ourense es lo mejor,
no hay razón de ponerse a temblar.
Y si viene negra tempestad
reír, correr y cantar.



Creía que no llegaba a Ourense. Vaya temporal de viento y lluvia me pilló por el camino. 160 km de vendaval y chuzos de punta. Llegué y aparqué al lado del campo de fútbol, por la calle Ervedelo. Cuando iba a recoger el dorsal, un hombre que estaba montando una «pulpeira» y que me vio pasar con el pantalón corto y el chubasquero, me dijo: «Mal tiempo para correr». «Pues sí», le contesté. Me quedé pensando un rato y le volví a contestar: «O no». Me sentí muy, pero que muy gallego.

Llegué al Pabellón de los Remedios y recogí el dorsal. El tiempo seguía siendo horrible. Todo estaba muy bien organizado. Al salir vi un toldo anunciando la Fundación Óscar Pereiro.


Bajo el toldo estaba Alejandro Gómez, con un halo de «atletismez» (el de rojo, de perfil). Me acerqué y me apunté a la carrera del sábado que viene. No sé si iré o no pero eran dos euros por una causa benéfica y no me importa perderlos.

Me crucé con Irdam dos veces. La segunda vez pudo poner el freno y estuvimos hablando un rato. Me pareció ver pasar a Arturo pero no pude saludarlo. Después vi a Jose Luis Quintela y cruzamos unas palabras. Me dirigí al lugar de la Kedada y allí estaba Óscar. Mientras charlábamos, aparcó un coche justo delante de nosotros y de él bajo, nada menos que ¡el mismísimo Óscar Pereiro!


Empezaron a llegar los demás: BaoEs, Pataruco, Rafita, Zeus Ourense, Pipe, el gran Jose María, Toledano, Tara, Jorbaiona, Javi y alguno más cuyo nick no recuerdo. Un fotógrafo de La Región nos hizo una foto. Preguntó de qué club éramos. «¡De Correr en Galicia!», contestamos. Siguieron llegando más corredores a la Kedada y nos hicimos la foto oficial. Después me fui al coche, a quitarme lo que me sobraba y a ponerme lo que me faltaba.

Calenté durante 15 minutos, todo un récord. Me fui a la salida cuando decían que faltaban unos segundos.


Me lo tomé con calma. Salimos y nos cruzamos con un grupo de personas que protestaban contra el ERE en el diario La Región, justo antes de la primera cuesta. Subí el repecho con calma para no disparar las pulsaciones. Hice la última foto y guardé el khenéfono.


Cuando enfilaba el primer llano, vi una camiseta conocida. Era Grimo. Fuimos juntos casi todo el camino, haciendo un poco el chicle, al igual que en La Pedestre de Santiago. En esta ocasión llegó antes que yo a meta.

La carrera no tuvo muchas anécdotas. El tiempo aguantó muy bien y yo me lo tomé con calma, sin forzar. Como no entrene un poco más voy a ir de culo en la Volta á Ría de Ferrol. En la alfombra de los 5 km coincidió que no llevaba nadie a mi lado. Es la primera vez que paso por una alfombra y oigo pitar mi chip sin otros diez o doce a la vez. ¡PIP! Por el kilómetro 8, unos niños pequeños animaban y ponían la mano para que se la chocáramos. Cuando me di cuenta, di un quiebro brusco y pasé chocándole la mano a los peques. Me pareció que los demás corredores pasaban de ellos, porque el público me empezó a aplaudir. En el minuto 50, aproximadamente, empezó a llover y ya no paró. Llegué a meta unos minutos más tarde, consiguiendo mi peor marca en esta carrera, casi cinco minutos más que el año pasado. Se está convirtiendo en una mala costumbre. Creo que estoy inmerso en un Annus Horribilis atlético. En la llegada había un poco de cola pero el agua la daban antes y podías beber mientras esperabas. Recogí un Nestea, un Actimel, una barrita energética, un zumo multifrutas y un sobre con un libro de actividades de Danone (para los niños, claro). Los que no querían hacer cola podían pasar adelante sin detenerse. La entrega de las camisetas fue perfecta. Había carriles donde estaba indicada la talla. Atravesé el pasillo del Pabellón, me despedí de Grimo y me fui al coche, para volver a casa. A las 2 de la tarde estaba en Cambre.

A pesar del mal tiempo que hizo, creo que fue una fantástica manera de pasar una lluviosa y ventosa mañana de otoño.

domingo 8 de noviembre de 2009

Pésame, felicitación y entreno con liebre

La vida está llena de momentos agridulces. En el mismo post encaja un momento de profunda tristeza como es el fallecimiento el pasado jueves de la madre de Miguel, vecino de la blogosfera, personaje mediático, corredor de maratones, amigo, compañero y, sobre todo, una gran persona con un corazón que no le cabe en su enorme pecho, corazón que ahora está roto y que tardará bastante en cicatrizar ¡Ánimo Miguel!

Por otra parte, hoy es el día de felicitar a mi amigo Antonio que, con su esfuerzo, con su constancia, con su fortaleza de espíritu y con sus dos cojones, ha terminado su segundo maratón en 3h36', bajando unos 20 minutos de su primera incursión en la distancia. Enhorabuena amigo. Te has rodeado de una gente estupenda y, entre todos, habéis convertido vuestras ilusiones en una realidad. Un recuerdo especial para mi tocayo, al que un accidente truncó sus ansias de participar en el Maratón de Oporto y lo convirtió en el mejor animador de la competición. Antonio, meu, tienes alma de campeón. Muchas felicidades.

En tercer lugar, contaros que hoy salí a rodar con liebre. Mi hijo de 8 años me acompañó con la bici durante los diez kilómetros que duró el entrenamiento. Vimos garzas, cisnes, un cormorán, gaviotas choronas y argenteas, y una manifestación que reivindicaba una ría limpia y sana. El día estaba claro y un poco ventoso, y me sentí muy bien compartiendo unos minutos de ejercicio con mi vástago.

Asics Tech Tour en Coruña

El sábado fui al Asics Tech Tour. Llegué justito a mi hora. Esperé un poco y enseguida me atendió un hombre muy amable con aspecto de corredor. Me descalcé y me pegó tres puntos oscuros en cada pie. Metí el pie en una caja negra (que me hizo recordar la prueba del Gom Jabbar) y un escáner tomó una imagen en 3D. Después le tocó el turno al pie izquierdo. Vimos la imagen en 3D del pie, imprimió los resultados y me los comentó.

Resultados:
  • Tengo el pie derecho un pelín más grande que el izquierdo.
  • Tengo pisada neutra aunque prono un poquito, sin llegar a ser pronador leve.
  • Tengo un pie de lo más vulgar: pisada neutra, arco medio, pie ligeramente ancho y empeine normal tirando a bajo. Todos los parámetros dieron muy cerca de la media.
  • Puedo usar cualquier tipo de calzado aunque para rodajes largos me recomendó calzado de estabilidad.
  • Para correr necesito una talla 44 (que es la talla que estoy calzando desde hace unos años)

Me dio el informe impreso y me recomendó las GT-2140 o las GEL KAYANO. Probé ambas y la Kayano me lastimaba un poco, justo debajo del tobillo. Me compré las GT-2140, haciendo uso del vale de 19 euros que me entregó. Las voy a guardar para Navidades, cuando las Pegasus viejas ya estén para el arrastre.

NOTA: Creo que no había apoyado los pies de la misma forma porque los he vuelto a medir y son exactamente iguales. El lunes, al llegar a la oficina, me voy a poner de pie en la fotocopiadora y lo comprobaré una vez más (es broma, eh ;D )

sábado 7 de noviembre de 2009

Rodaje en Valencia


Del 4 al 6 de noviembre estuve en Valencia por motivos laborales. El miércoles llegamos al hotel sobre las 7 de la tarde y quedamos para ir a cenar sobre las 9. ¿Qué hacer durante ese tiempo? ¿Descansar? Noooo. Ponerme las zapas y salir a correr.

Mi hotel estaba cerca del jardín botánico, el cual queda cerca del antiguo cauce del Turia. Al llegar a donde quería, me encontré con una zona diseñada para correr, con caminos paralelos de tierra (para corredores) y de asfalto (para bicis). Había muchísima gente corriendo y haciendo deporte. También había campos de fútbol y gente jugando. Estuve cerca de 50 minutos trotando por aquella maravilla, con luz suave pero suficientemente iluminado, pasando bajo los puentes del cauce antiguo del Turia. Si pasáis por Valencia, es un lugar fantástico para rodar un rato.

sábado 31 de octubre de 2009

Kedada Reivindicativa en la Alameda de Santiago


El pasado jueves, atendiendo a la llamada de la selva... quiero decir, atendiendo a la llamada de los correlegas de Santiago, me fui a hacer un entreno a la Alameda. Al salir del curro, cogí el coche, autopista y en poco más de media hora ya estaba circulando por las calles compostelanas. Nada más llegar me adelantaron 3 furgones de la policía nacional con las sirenas puestas. Me parecía un poco exagerado que mandaran a los antidisturbios pero no venían a por nosotros porque siguieron hacia Noia.

Llegué al campus y busqué donde aparcar. Dejé el coche junto a las canchas de tenis y fui trotando hacia la zona de la kedada. Al poco me encontré con Marina y con Isa. Seguimos juntos y nos encontramos con un nutrido grupo de corredores haciendo sus cositas (o sea, corriendo). Había mucha gente corriendo pero no todos estaban por la convocatoria y ni se acercaron. Entre los asistentes estaba Pedro Nimo. Marina me presentó a Esther pero, como no me dijo el apellido, como que no la ubico (seguro que es una gran corredora). Había muchos viejos conocidos y, de los nuevos, estuve charlando gran rato con Ferraduro.

Corrí un rato junto a Moncho y a Arturo. A las nueve llegaron de «La Sexta», una reportera y una «cámara». Entrevistaron a Vicente y a Marina, nos hicieron correr en grupo unas cuantas veces y grabaron unos estiramientos. Vicente debía de ser demasiado alto para ellas porque le pidieron que se agachara para la entrevista. También grabaron el cartel reivindicativo. Algunos corredores hicieron más declaraciones e Iván se desahogó delante de las cámaras. También fuimos hasta las vallas y nos grabaron junto a ellas. Como los del ayuntamiento no daban venido a poner las vallas, a las diez y cuarto marché hacia el coche, trotando junto a Moncho y otro corredor que se identificó como Domarco. Al día siguiente me enteré que los del ayuntamiento aparecieron a las diez y media.

El domingo saldrá la noticia en «La Sexta», en el informativo de después de la Fórmula 1, y de nuevo en el informativo de la noche. La batalla está medio ganada.

jueves 29 de octubre de 2009

NON Ó PECHE DA ALAMEDA DE SANTIAGO

CONVOCATORIA URXENTE: AVISO A TÓDOLOS CORREDORES

¡¡NON Ó PECHE DA ALAMEDA!!

HOXE Xoves (29/10) ás 21:00 horas na Alameda de Santiago de Compostela.

Reunión de corredores para unha reportaxe na televisón. Avisa a amigos, corredores, veciños... por unha Alameda aberta a tódolos usuarios.

Máis información

miércoles 28 de octubre de 2009

Pensamientos sobre la Pedestre

  • Aunque intenté llegar a tiempo a la kedada, una vez más llegué tarde.
  • Después de ver al keniata calentando, lo vi haciendo un poco de skipping y aluciné todavía más.
  • Isa parece que ha rejuvenecido desde que le dejan correr de nuevo. Incluso está más guapa. Siempre he pensado que lo que más embellece el rostro de una mujer es una enorme sonrisa.
  • Me fui hasta los aseos con José María, a hacer el pis precarrera, y me sorprendió ver a todos usando las tazas mientras que los urinarios estaban vacíos. Yo usé un urinario, aunque me siento incómodo si hay gente deambulando por detrás. Los corredores somos tímidos.
  • Algunos no son tan tímidos. Cuando iba hacia la kedada vi a un corredor, en plena Praza do Obradoiro, meando contra los muros de la catedral. Me pareció una grosería. En otras circunstancias, ese hombre no habría hecho eso. Algunos creen que por participar en una carrera tienen permiso para mear en cualquier sitio. Si un policía le hubiera dicho algo, ¿qué hubiera contestado este hombre?: ¿«Estoy meando contra la catedral porque voy a participar en una carrera»?.
  • La diferencia de tiempo para hacer doce kilómetros entre mi mejor punto de forma y el peor (esta edición) son 8 minutos.
  • Óscar me enseñó su dorsal y yo lo miré sorprendido. Después me aclaró que era para que viera su nombre completo, porque yo sólo lo conocía por el apodo del foro.
  • Jotaeme es un puto crack. Con la espalda hecha polvo y sigue asistiendo a las carreras. Se merece una medalla por su esfuerzo, tesón y capacidad de sufrimiento.
  • Al subir la cuesta de Vite, saludé a Ángel pero creo que él no me reconoció, salvo cuando leyó mi nick en la espalda.
  • En la cuesta de Vite, los de la Escuela Naval de Marín nos adelantaron a mí y a una chica. Le dije a la chica: «Ten cuidado, que van salpicando testosterona». Ella se echó a reir y me dio la razón.
  • Al llegar a meta vi a una chica que llevaba en la camiseta escrito «MORSATOLA». Yo creía que el «Morsatola» del foro era un hombre pero, aún así le pregunté: «¿Escribes en Correr en Galicia?» Ella me contestó: «No, soy de Pontevedra» (no sé qué me habrá entendido)
  • Al pasar por el Campus Sur me fijé que, delante de los de la Escuela Naval, iba un hombre más bien talludito que llevaba una camiseta blanca con la silueta de una fragata en la espalda. Debajo ponía «Armada Española». Entendí que era el superior de los marineros y que les iba marcando el paso.
  • Esta vez descubrí que la mejor forma de salir de la Praza do Obradoiro es por la esquina que da a la Rúa do Vilar.
  • El día que haya un accidente, buscarán otra manera de entregar el botellín de agua y la camiseta a los corredores sin que haya tanto atasco. La mitad de la culpa también es de nosotros porque, cuando salimos de la cola, nos olvidamos de los que vienen detrás y vamos con toda la calma del mundo. Aún así, lo de «emborregarnos» allí no tiene nombre.
  • La medalla se la di a mi hija y la llevó colgada del cuello todo el día.
  • Me marché con prisa porque había quedado con la familia. Tampoco vi a muchos conocidos.
  • En el primer avituallamiento me dieron el botellín de agua cerrado. En la otra mano llevaba el cartel reivindicativo de la Alameda, por lo que la tuve que abrir con los dientes. La segunda vez me la dieron abierta.
  • ¿Qué les costará poner unos contenedores abiertos a 200 metros de los avituallamientos? Con tal de avisarlo, todos echaríamos los botellines dentro.
  • No vi a Óscar de Ourense. Al que sí vi, y con el que compartí prácticamente todo el camino, fue a Grimo.
  • Como no dieron nada de alimento sólido, me compré y devoré una napolitana de chocolate que me sentó de maravilla.
  • Aunque no dieran camiseta ni agua, seguiría yendo a la carrera. Es un lujo correr por las calles de Santiago. Eso sí, si no van a dar nada, que avisen para dejar una botella de Gatorade y algo de fruta en el coche.
  • lunes 26 de octubre de 2009

    PEDESTRE DE SANTIAGO 2009


    Un año más, me esperaba el madrugón que no lo es (gracias al cambio de hora) para participar en «La Pedestre». El día antes había ido a buscar el dorsal y me había encontrado con Marina repartiendo los carteles reivindicativos sobre la Alameda y el derecho de los corredores compostelanos a disfrutar de ella por la noche. La propuesta tuvo mucho éxito y ahora la respuesta queda en manos de los responsables municipales.


    Mi familia, que al principio me acompañaban con ilusión a todas las carreras, no me acompañó en esta ocasión. No los culpo. Han alcanzado el nivel de saturación. Las circunstancias también han cambiado. Ya no quedamos con mi amigo Antonio y su familia para ir juntos a la carrera y después ir a comer. Creo que su familia también está saturada y él ya está en otro nivel.

    Tras recorrer en coche los 60 kilómetros que me separaban de Compostela, aparqué en el parking de San Clemente, a tan sólo unos metros de la catedral. Fui trotando por la Praza do Obradoiro hasta el lugar de la kedada. Durante unos metros, fui al rebufo de uno de los keniatas que iba calentando suavemente. La verdad es que parecen esculpidos con las proporciones perfectas para correr. Llegué al lugar de la kedada y, al primer vistazo, no vi a nadie. Al poco me encontré con José María. Siempre es una alegría encontrarte con los amigos. Pronto empecé a ver caras conocidas. Me alegré especialmente al encontrarme con Isa. Aún recuerdo cuando estaba desesperada porque el médico le había dicho que no podría volver a correr. Y ahí está, aguantando el tirón y dando guerra. Entre la marea de corredores calentando surgió el vecino del blog de al lado, Grimo. Tras el calentamiento al lado de Grimo y José María, me dirigí hacia la salida. Allí estaba Óscar junto con más gente conocida. Saludos, unas risas y nos fuimos colocando para la salida.

    ¡Pum!

    Dan la salida y comienza la tortura de ir oyendo a los cadetes de la Escuela Naval de Marín entonando sus cánticos marciales. La salida pica para arriba y yo voy atento al pulsómetro. Quería tener las pulsaciones controladas, sobre las 170 PPM. Tras una semana sin salir a correr y unos entrenamientos anteriores más bien escasos, mi forma física deja mucho que desear. A mi lado apareció Grimo y, metro adelante, metro atrás, fuimos juntos todo el trayecto.


    Aunque el sábado había estado lloviendo, el domingo nos ofreció una mañana soleada y fui disfrutando del recorrido por las calles compostelanas. Tras el paso por Vistalegre apareció la cuesta de Vite. Mi ritmo se ralentizó pero aún así no pude evitar que las pulsaciones llegaran a 180. En la subida saludé a Ezaqui, que estaba animando a todos los corredores. Poco a poco coroné la subida. Unos metros para bajar pulsaciones y comencé la progresión hasta meta. Comenzaban los sublimes momentos de correr por las empedradas y mojadas calles de Santiago, cuando descubres la razón de la popularidad de la carrera y comprendes que el esfuerzo ha valido la pena. La gente animaba entusiasmada y las piernas iban solas. Por fin, la catedral y la Praza do Obradoiro. Al entrar en la plaza, veo a unos metros la camiseta rayada de Grimo. Eché un sprint para alcanzarlo. Alguien gritó mi apodo dándome ánimos. Alcancé a Grimo y entramos juntos en la meta. Me apetecía compartir la llegada a meta con él, ya que habíamos hecho todo el camino juntos.


    Ahora comenzaba la cola para recoger la camiseta. La gente refunfuñaba y protestaba por tener que permanecer tanto tiempo sudados, enfriándonos y sin poder escapar de aquel desfiladero. Uno saltó una valla y se llevó un tremendo abucheo cuando se coló más adelante. Otro grupo siguió el mismo camino pero para marcharse de allí.


    Tras la media hora de espera me entregan una camiseta blanca, con un logo pequeño en el pecho y un botellín de agua. Busco una fruta o algo de comer y no veo nada. Tampoco vi que nadie llevara en la mano nada de comer. Saludé a unos amigos, a José María, a Carlos Manuel y a sus padres, a Vicente, a Marina y me marché de la plaza más singular de toda España, donde miles de corredores cada año tomamos al asalto.

    lunes 19 de octubre de 2009

    Buenas noches

    El domingo es la Pedestre de Santiago y voy a ir con tan poco entrenamiento como es habitual en mí.

    El sábado estuve corriendo por el parque de Castrelos. Estaba en casa de mis padres donde mi madre estaba cocinando un cocido como sólo las madres saben hacer y, al filo de las dos de la tarde, le pregunté:«¿Falta mucho para la comida?» «Media hora», me contestó. «Pues me da tiempo para salir a correr un rato» Me vestí de corto y salí a trotar. Di un par de vueltas por el parque (un par quiere decir exactamente dos). La primera más lenta y la segunda más rápida. Cuando estaba terminado la segunda vuelta, me adelantó uno «de los que corren». Se me ocurrió la brillante idea de intentar aguantarle el ritmo y me puse a perseguirle. El ritmo se lo aguanté cien metros y luego vi como se alejaba mientras mi pecho pedía «papas». Después, trotecillo suave hasta casa de mamá dispuesto a zamparme el cocido.

    Hoy lunes salí a trotar un rato por O Burgo. Supongo que debido a la amenzaza del viento, los obreros estaban acelerando lo máximo posible el desmontaje del silo de la «Bunge», el que ardió durante varios meses y que estaba lleno de soja fermentada. Troté unos 5 kilómetros. Hacía una brisita fresca pero agradable. A la vuelta iba pensando en mis cosas y, cuando me di cuenta, iba corriendo lanzado. Me recordó cuando, hace años, intentaba buscar la manera de que el coche me consumiera menos. Lo curioso era que el coche consumía menos cuando lo conducía instintivamente, sin tratar de hacer conducción económica. Quizá con «esto del correr» suceda lo mismo.

    El domingo hay cambio de hora. A partir de ese día se hará de noche a las siete y media y tocará ineludiblemente entrenar de noche. Es lo que hay. Hace poco se acabó el verano y ahora llegan las lluvias y los entrenos nocturnos. Buenas noches.

    El Puente del Pilar

    El fin de semana del puente del 12 de octubre pasé tres gloriosos días en Oporto. El domingo por la noche, con la sana intención de tallar una muesca más en mis zapatillas, me vestí de corto y salí a correr un rato. Ya había cenado (y no había sido una cena demasiado frugal) pero me apetecía salir a correr un rato.

    Mi primera intención era ir hacia el norte, por el paseo de la playa, hacia el «Castelo do Queixo» pero no supe encontrar cómo llegar corriendo hasta allí. Mi hotel estaba en Vilanova de Gaia, y Oporto quedaba al otro lado del río. Intenté encontrar una acera que me llevara al puente de Arrábida pero no encontré una vía adecuada para peatones. O me ponía a correr por una carretera donde los coches iban a más de 100 km/h, o bajaba por un estrecho camino que descendía hacia el río. No es que tampoco tuviera mucha acera, pero los coches no iban tan rápido. Al final de la pendiente había un paseo que, pasando por delante de las cavas, me llevaba hasta el puente de Luis I.

    El paseo estaba bien iluminado, tanto con farolas como con luces en el suelo incrustadas en el paseo de madera. Pasito a pasito fui trotando por la solitaria orilla del Duero. Al llegar a la zona de las cavas había más animación. Me detuve a hacerme un par de fotos para dejar constancia de mi «hazaña» y crucé el puente de Luis I.


    Ya estaba en Oporto. Atravesé «A Baixa» entre las miradas de asombro de los turistas que se encontraban cenando en las abarrotadas terrazas de los restaurantes, seguí un poco más y di la vuelta. Otra vez por las terrazas, otra vez por las cavas y de nuevo hacia el solitario paseo. Uno de los pescadores que ya me habían visto pasar a la ida, me saludó y me dijo que «fuera con calma». Correspondí a su saludo y seguí corriendo.

    Llegué a la bajada por donde había llegado hasta allí. Entonces me di cuenta de que, por extraño que parezca, ¡¡¡se había convertido en una tremenda cuesta!!! ¡Glups! Comencé a subir y poco a poco fui descubriendo que esa cuesta era demasiado para mí. Los últimos 100 metros los tuve que hacer andando. Al llegar a la cima volví a correr y en unos minutos llegué al hotel.

    Total del recorrido: una hora. No tengo ni idea de mi ritmo ni los kilómetros recorridos. Sólo puedo decir que Oporto es una ciudad muy hermosa para recorrer de noche.