jueves 4 de junio de 2009

Nuevo Micoach: con la carita lavada

Antes de nada quería felicitar a Andrés Corsino por su debut en la Liberty. ¡Muchas felicidades y, como dice un ilustre corredor, te deseo salud y kilómetros! ; D Sí, hijo, sí, he recibido tu E-Mail (me he alegrado mucho) pero no he podido contestarte antes porque vuelvo a estar hasta las orejas de curro. Hoy mismo he salido a entrenar a las nueve y media de la noche, bajo la lluvia, y ya ves a que hora estoy escribiendo... Lo dicho, ¡enhorabuena por tu debut! :D

Después de la media maratón de Betanzos, he tenido agujetas durante dos días (¡qué deprisa se estropean los cuerpos y qué pronto se pierde la forma!). Hoy he salido a hacer 6 kilómetros, a un ritmo cómodo, mientras hablaba con mi chica por teléfono. Ha estado bien y me ha servido para relajarme del día.

Como era de esperar, ya está la nueva web de micoach. Mu' bonita, con muchos colorines y muchos daticos bien puestos. He tenido que introducir el usuario y la clave y todo funcionó correctamente. El khenéfono se sincronizó sin problemas, el plan que preparé ayer se transfirió correctamente y no se han borrado los datos antiguos.

Deslumbrado por tanto colorín, fui a lo práctico: los planes de entrenamiento. La forma de seleccionar los planes es muy chula, pero el contenido es el mismo que antes. Busqué la manera de programar un entrenamiento en progresión y sigue sin haberlo. Busqué la manera de enlazar varios entrenamientos (tanto tiempo en esta zona cardiaca, después otro tanto en esta otra zona, etc) y tampoco lo encontré. Programé un plan para maratón y me pareció igual (o muy similar) a los que tenía antes. Seleccioné un entrenamiento por intervalos de 2 minutos (unos 400 metros), lo prolongué para hacer más repeticiones y no puedo saber cuántas repeticiopnes voy a hacer. Lo transfiero al khenéfono y me pierde el tiempo ampliado, dejando el tiempo original (luego lo pude modificar en el móvil). En fin, que lo seguiré usando para entrenar pero me esperaba más de lo que me he encontrado. Me parece más un lavado de cara que una mejora sustancial. Seguiré probando, a ver si cambio de opinión ; )

miércoles 3 de junio de 2009

Muy pronto saldrá el nuevo MiCoach

Después de tanto tiempo esperando que actualizaran la web de Micoach, hoy me cansé de esperar y decidí diseñar un plan personalizado para preparar la media maratón de Coruña. Me llevó un buen rato hacerlo. Hace una hora recordé que no lo había pasado al khenéfono y lo conecté al ordenador. Me dio un mensaje rarísimo, de que no tenía conexión a internet. Muy curioso, porque tenía abierta la página de Google. Desconecté el khenéfono, cerré el sincronizador de Micoach y volví a conectar todo. Volvió a darme el mismo error. Ya mosqueado, intenté abrir la web de Micoach, que mostraba el siguiente mensaje:

We are currently updating the site and will be back up soon. Why don't you go out for a run, and check back a little bit later!

De esto deduzco que mañana tendremos nueva web de Micoach. Iré contando las novedades ;)

domingo 31 de mayo de 2009

Donde dije «digo» digo «Diego»


Sé que dije que no iba a correr a Betanzos. Llevaba un mes sin entrenar. Puedo prometer y prometo, como decía Adolfo Suárez, que hasta el sábado por la noche no tomé la decisión de ir (que no de correr). Me levanté el domingo por la mañana y no tenía nada claro. Cuando llegué a coger el dorsal, me dijeron que existía el nombre en la lista pero no el dorsal, al tiempo que el «escribano» me devolvía los 5 euros. Los dioses no me eran propicios. Puedo deciros que ni siquiera calenté, porque no tenía claro que fuera a correr. Pero...

Corrí la media de Betanzos y ésta es mi crónica.

Llegué al Polideportivo y no tuve problemas en encontrar sitio para aparcar. Eran las diez y poco de la mañana. Cuando iba a recoger el dorsal, oí una voz que me llamaba: ¡Khene! Era Beauvais que estaba vaciando la vejiga contra unas zarzas. Termina la faena y extiende la mano para saludarme. La misma mano con la que se había aguantado el miembro y con la que se había sacudido la última gotita. Tras un pequeño titubeo por mi parte, nos damos un apretón de manos, que peores cosas he tocado con la mano. Charlamos unos instantes y voy hacia la fila. Allí saludo a Bytheface, que se sorprende al verme con barba. Teniendo en cuenta que hace año y medio que la llevo, me doy cuenta que hace mucho que no nos vemos.

Tras diez minutos de espera, me toca mi turno. Dicen mi nombre en alto y mi número de dorsal mientras recogen los 5 euros. Parecía una mesa electoral (menos en lo de los 5 euros, claro). ¡Oh, sorpresa! Mi nombre está pero mi dorsal no aparece. El «secretario de la mesa» me intenta devolver el dinero mientras el «vocal» vuelve a buscar. Por fin, el «presidente» se percata de la situación y le cuenta el problema a una persona de «runporto» que me entrega un nuevo dorsal y anota el cambio de número.

Al salir empiezo a encontrarme con un montón de amigos/correlegas/foreros o como queráis llamarlos (yo los considero amigos, algunos con más confianza y contacto que con otros, pero todos dentro del mismo saco). Gallego, Banderas, Fema, Admin, Mr. Dixie, Beauvais, Moncholeiro, Jeff, JeffXavi, Irdam, Manwe, Ferrolano, Bytheface, Linkinpark, Ivanno (que me contó que se va a Nueva York a correr su segunda maratón: ¡joder, que si engancha esto del running!), Pipe, Bardallas, etc. Seguro que me olvido de nombrar a alguno. Banderas me dio un poco de protección solar y creo que le debo la vida. Después propuso calentar un rato y yo le propuse tomar un café. Y allá nos fuimos Banderas, Moncholeiro, Mr. Dixie y yo a tomarnos un cafelito cuando faltaban solamente 10 minutos para que dieran la salida. Después me fui a cambiar (creo que vas entendiendo con qué calma me tomé esta media) y fui hacia la salida. Allí me encontré con Elpeper y Aurora, que me contaron que se lo iban a tomar con calma (menos mal que se lo tomaron con calma porque la buena de Aurora ¡quedó de tercera en la general femenina!).

Dan la salida con unos minutos de retraso. En un grupito vamos Banderas, Pipe, Bardallas y yo. Al principio también corrí unos metros al lado de Ivanno, al igual que habíamos hecho en el Maratón de Madrid. El sol era abrasador. Le dije a Banderas que no iba bien de pecho y el me contestó que de pecho iba bien. Una corredora que iba delante se volvió para mirarnos, supongo que por si la cosa iba con ella. XD Subimos por la cuesta de las Angustias y continuamos hacia el mar. Banderas me contó que el miércoles tuvo un ataque de ciática, que hoy le dolía el psoas y los tibiales, poco más tarde le pasaron esos dos y le dolían los gemelos (Amigo mío, te quiero mucho (como amigo, ¡eh!) pero, ¿la palabra hipocondríaco te dice algo? XD ). Le contesté que, desde que corriamos, habíamos aprendido «un huevo» de anatomía, con las consiguientes risas. En el kilómetro 6 ó 7, Banderas reduce el ritmo para ir al mío pero pronto se da cuenta de mi pésimo estado de forma y se aleja en la distancia.

Sigue haciendo calor. Pipe me pregunta si es normal tener escalofríos. Le miento y le digo que sí, que la carrera la tiene en las piernas y que no se deje engañar por la cabeza (me alegro que lo hayas conseguido, amigo ;D). Paro a echar un pis y aprovecho para bajar un poco las pulsaciones. Pipe me imita y se queda atrás. Poco después animo a una corredora que iba caminando (muy guapa, por cierto) diciéndole que es una media dura pero que podremos con ella. Sonríe, vuelve a correr y vamos juntos un par de kilómetros (no le estreché la mano). En el kilómetro 10 me tomo un gel y me bebo casi un botellín de agua. Al llegar al puente del Pedrido mi compañera me abandona, al igual que Bardallas. Yo iba muy flojo.

El puente estaba cortado al tráfico y los cláxones de los coches atronaban con sus pitidos. Tras el puente, una tremenda cuesta. Al llegar arriba iba solo. Le pregunto a los ciclistas por dónde se va (no estaba señalizado) y me lo indican. También me dicen que falta sólo una cuesta pequeña. He aprendido una lección: jamás te fíes de lo que un ciclista le llama «una cuesta pequeña». Ni era pequeña ni era sólo una. Sigo corriendo y animando a los que se van quedando por el camino.

En el portal de una casa, una niña de unos 6 ó 7 años me ofrece un vaso de agua y me pregunta si prefiero un manguerazo. Me paro, le sonrío y le pido «un poco de agua, por favor». Bebo un sorbo, le devuelvo el vaso, le doy las gracias y sigo corriendo solo. Llegué al avituallamiento donde 7 personas me ofrecían agua. Busqué al más joven (que sé que les hace ilusión entregar el agua), y cogí el botellín que me ofrecía un niño con un brazo escayolado. Ya llegando a Betanzos, vi a un miembro de la benemérita con el unifome completo, con la chupa abrochada y el casco puesto. Le pregunté si no tenía calor y me dijo que mucho, que se estaba asfixiando. Pasé a un par de corredores y algún otro me pasó a mí. A todos les decía algo para hacer más llevadero el recorrido.

Por fin llego a Betanzos. En los cruces tuve que preguntar varias veces por dónde se iba: a unos señores que pasaban por allí (de paso les pregunté si el primero iba muy lejos y si aún lo podía alcanzar XD), a miembros de Protección Civil, a unos ciclistas... En el kilómetro 20 llegué a un cruce donde no había nadie a quien preguntar. Vi a lo lejos a un corredor y lo seguí. Todavía tuve que preguntar dos veces más por dónde ir. La última indicación me la dio el Admin. Allí estaba la meta. Manwe, que estaba viendo la carrera, me dio ánimos.

Al fin llego después de más de 2 horas de sol y calor. Dos tíos, con una especie de raquetas en la mano, se me acercaron e hicieron el amago de golpearme el pecho. Se oyó un zumbido y entendí que estaban desactivando el chip (que era de los que van pegados en el dorsal). Me dieron agua, una pera y dos naranjas, que devoré mientras saludaba a los conocidos que me iba encontrando. Le pregunté a una chica por la camiseta y me dijo que los que vivíamos cerca de Coruña, teníamos que ir a recogerla a SportZone. ¡Qué listos! ¡Buena publicidad!

Charlé con Bytheface, que me dijo que estaba empezando a entrenar entre 6 y 8 kilómetros. También estuve hablando con Manwe. Le pregunté por su padre, Booker, y me dijo que había pasado una temporada de bajón pero que ya estaba de nuevo en la brecha. Cuando ya me iba para el coche me acordé de que, mientras hacía cola para recoger el dorsal, había visto entrar en el Polideportivo a un hombre con unas empanadas. Me acerqué y me encontré con Gallego, que me llevó hasta las empanadas. ¡Menuda fiesta! También había fiambre, refrescos, patatillas (patatas fritas para los no vigueses), manises (cacahuetes, para los mismos) y un montón de más cosas de comer. Me encontré con más amiguetes: lentoperosejuro, aficionado, moncholeiro, gallego, etc. Charlamos un rato mientras le atacábamos a las empanadas y me despedí de ellos. Por el camino me crucé con Alber y, un poco después, con Tara. La vi muy entera, teniendo en cuenta la climatología del día.

Me fui hacia el coche, cansado (no demasiado, creía que iba a estar peor) pero feliz por haber disfrutado una carrera más con estos monstruos de las carreras de fondo :D


PS: Me olvidaba que también saludé a KRRKRRKTPILLO, o como quiera se escriba XD, y también hablé con Mincha, sin saber que era él.

jueves 28 de mayo de 2009

El tiempo se nos va escapando lentamente

Celtas Cortos cantaba aquello de «A veces llega un momento en que te haces viejo de repente». Es cierto, a veces te sientes así. No ha pasado un mes desde que corrí el Mapoma y los diez kilómetros del lunes me han producido ¡agujetas! No me veo capaz de afrontar una media este domingo. Para más INRI, en la última asamblea de la empresa, me cogió el frío en la espalda y tengo un poco de lumbalgia, que me baja por la pierna izquierda. Antes no me pasaba. Tendré que hacer caso, una vez más a Murakami, cuando dice que hay que asimilar que nos hacemos mayores. Ya no tengo 20 años, cuando volvía corriendo a casa porque llegaba antes que en autobús. También dejé atrás los 30, aunque parece que fue ayer. Voy camino de los 40 y tengo que asimilar que me estoy haciendo mayor, que el cuerpo no recupera como antes y que pronto empezarán los achaques.

Hoy pensaba salir a correr pero he salido del trabajo a las diez menos cuarto de la noche. Me he dado cuenta de que tenía la nevera vacía y que el Eroski cerraba a las diez, por lo que fui a toda prisa a comprar algo para cenar. Como, al salir, aún eran menos cinco, entré en Bricoking a comprar unas puntas especiales de destornillador para intentar arreglar el microondas, que estaba estropeado y hacía saltar el diferencial. Al llegar a casa, lo desmonté y descubrí que la avería era gorda y que era mejor comprar uno nuevo. También tenía que que grabar en un DVD un par de vídeos del trabajo a través del puerto Firewire del ordenador. Ya no salí a correr. Mañana tendré que comprar otro microondas y por la tarde quería acercarme a Santiago y asistir a una conferencia que imparte Jean-Marie Lehn, Premio Nobel de Química en 1987. Creo que no me va a dar tiempo a nada más.

lunes 25 de mayo de 2009

Los primeros 10 kilómetros de mayo

Hoy volví a correr. El mes se cumpliría mañana pero así comienzo con la semana. Al principio me notaba agarrotado y poco a poco me fui soltando. Realmente hoy necesitaba correr. Tenía un nudo en el pecho que me producía una quemazón, posiblemente provocado por los nervios, stress, o como quiera que le llamen. Salir a correr deshizo el nudo. No voy a decir que me encuentro fantástico pero sí que estoy mucho mejor, más tranquilo y relajado. Recorrí 10.3 km en 63 minutos. No voy a batir el record del mundo con ese tiempazo pero estoy satisfecho.

El domingo participaré en la media de Betanzos. Voy a llegar de los último en el que posiblemente será mi peor marca personal en medio maratón, pero le he prometido a Banderas que iríamos juntos. Es un buen amigo, este Banderas, y no le voy a fallar.

Casi me olvido: ¡Feliz cumpleaños, Moneypenny! ;D

sábado 23 de mayo de 2009

Se acabó el mes khenesabático

Los que lleváis un tiempo en «esto del correr», como diría Murakami, sabéis que es recomendable descansar un mes al año. Mucha gente aprovecha las vacaciones de verano para darle descanso al cuerpo. Yo he decidido que tomar mi descanso anual en mayo, aprovechando el parón post-maratón. Obviamente, si en este blog os cuento mis experiencias en «esto del correr», tampoco tenía sentido escribir durante el parón.

¿Por qué este mes? Pues, como he dicho, para aprovechar el parón post-maratón. Además, si quiero participar en otro maratón en otoño no puedo hacer un parón en verano. También para darme un descanso de la dictadura de los entrenamientos, que me consumían el poco tiempo libre del que disponía durante la semana, obligándome a cenar tarde y dormir poco.

Quisiera empezar el entrenamiento para el próximo maratón probando los nuevos planes del Micoach pero parece que a los chicos de Adidas se les está complicando la cosa y llevan casi dos semanas de retraso con respecto a la fecha prevista del lanzamiento de la nueva web.

Alguien me preguntó si la Khenesfera es pro-Garmin o pro-Micoach. La verdad es que nunca me lo había planteado pero lo veo como si me preguntaran si prefiero un martillo o unos alicates. Son dos herramientas diferentes y complementarias. Lo mismo ocurre con el Micoach y el Forerunner.

La semana que viene volveré a los entrenamientos y a daros el coñazo con mis aventuras en «esto del correr». Como diría mi amigo Álvaro, «besos y abrazos a repartir acordingly»

KHENE >^-^<

sábado 2 de mayo de 2009

Semana Post-Mapoma

El lunes me dolía todo, principalmente el gemelo izquierdo, los cuádriceps y los abductores. Las escaleras eran una tortura y entrar en el coche, otra. Por la tarde salí a rodar un rato, menos de media hora, a un ritmo muuuuy suave. Mientras corría no me dolía nada, aunque me notaba un poco oxidado. El martes pensaba que iba a ser peor pero no fue así. Los dolores iban pasando y aparecieron otros nuevos, concretamente en los isquiotibiales. El miércoles sólo me quedaba una pequeña molestia en el gemelo izquierdo. Salvo lo del lunes no he salido a correr nada. Quizá mañana salga un rato. El lunes empiezo a entrenar para la media de Betanzos. Después del entrenamiento para el maratón, el plan de entrenamiento para una media me parece ridículo. Los rodajes me parecen que llevan pocos kilómetros.

A ver si este fin de semana descargo las fotos del Mapoma y la semana que viene las publico (Sí. Hay fotos, por supuesto) ; D

lunes 27 de abril de 2009

Crónica-Ladrillo del Maratón de Madrid

El sábado empezó mi aventura. A las 12 llegaba el avión que me llevaba a Madrid. Metro, maletas en el hotel y a buscar el dorsal. Hacía calor. Al llegar al Pabellón de la Pipa no vi cola afuera. Me llevé un alegrón porque el año pasado estuve más de media hora en la cola para recoger el dorsal. Entré en el Pabellón y ... ¡estaba práctimente vacío! Me dirigí al mostrador y me dieron el sobre con el dorsal inmediatamente. Fui a comprobar el chip y a recoger la bolsa del corredor: dentro había una camiseta técnica chulísima y de buena calidad. También había una mochila amarilla cojonuda (perdonando la expresión). La gente iba por la feria con la camiseta puesta y con la mochila al hombro. Viendo que ya pasaban de las dos, me dirigí a la Pasta Party. Diez minutos de cola fuera... y diez minutos de cola dentro. Me dieron un enorme plato de macarrones con chorizo con salsa de tomate y un montón de queso rallado, un trozo de pan, una manzana y un botellín de agua. También daban batidos de chocolate. Pedí uno y me dijeron que no, que sólo eran para los niños. Bueeeeno. Me senté enfrente de un corredor debutante al que los nervios le hacían hablar por los codos. Me informó dónde estaban las bebidas sin habérselo preguntado (había mostradores con Coca-Cola, Aquarius, agua y cerveza) y estuvo hablando con todo el mundo mientras comíamos. Al terminar de comer me fui a por una isotónica de lúpulo de postre. Me acerqué la barra y acerqué la mano a una caña que acababan de tirar. «¡Espera!», me gritó el que las tiraba, «¡esa es sin alcohol!» Dejé el vaso sobre la barra y, dándole las gracias por haberme salvado la vida, cogí la caña fresquita y recién tirada que me ofrecía el paisano. Salí de la Pasta Party y traté de ponerme en contanto de nuevo con Mr. Dixie. Me dijo que estaba en la Feria del Corredor y quedamos cerca de la entrada. Lo encontré más delgado aunque con el mismo buen humor de siempre y la misma sonrisa. Me alegré mucho de verlo. Después de charlar un rato, se fue a la Pasta Party y yo me fui a visitar la feria. Me pareció más «pobre» que el año pasado. Por allí andaba Julio Rey haciéndose fotos, pero no me hice la foto con él. Por eso no ganó, claro. Eché de menos el stand de Mizuno. No vi ninguna novedad en toda la feria. En menos de una hora ya la había visitado por completo y me volví a Madrid. Fui a El Corte Inglés para comprar algo para desayunar y unos imperdibles para ponerme el dorsal, porque en el sobre no venían. Después fui a la Plaza Mayor para la visita guiada organizada por el Mapoma y la Oficina de Turismo. Aunque debiera haber sido sobre el Madrid mediaeval, la visita fue sobre las partes más antiguas de Marid ya que, como ya me había contado mi chica (que de esto sabe mucho) el Madrid medieval prácticamente no existió (o sin prácticamente). Tras la visita de hora y media, nos fuimos a cenar con unos amigos de Vigo que trabajan en la capital. Después de cenar pizza y una buena jarra de cerveza, me volví al hotel. Preparé las cosas para el domingo y me acosté al filo de la medianoche.

A las seis de la mañana suena el despertador. Desayuno un par de tostadas con mermelada y echo un trago de agua. No me apetece nada más. Me vuelvo a la cama. A las siete y veinte, vuelve a sonar el despertador. Había estado soñando que todo me salía mal. No le di más importancia. Tras la rutina pre-carrera, cojo el metro para ir a la carrera. Aunque parezca mentira y es largo de explicar, me equivoqué de metro. A las dos paradas tuve que bajarme y reorganizar la ruta. Al llegar a la estación del Banco de España nos bajamos un millón de corredores. Quizá exagere un poco, pero éramos muchos. Obviamente, llegué tarde a la cita de la foto, por lo que mi chica me hizo a mí solo un par de fotos en el lugar. Me acompaña hasta la salida. Un avión Hércules pasa en vuelo rasante. El ambiente es increíble. Somos diez mil corredores más nuestros acompañantes. Tengo necesidad de vacíar la vejiga pero las colas para los WC químicos son interminables. Eso sí, muy organizaditas. Parecían colas inglesas: una sola fila y se iban ocupando los WC que quedaban libres. Yo desaguo en los arbustos, como hacían tantos otros. Resultaba curioso ver a las acompañantes de los corredores paseando por allí y nosotros con la minga fuera, regando árboles, sin ningún pudor. Vuelvo a la salida, un beso a mi chica, y a esperar a que den la salida. Todos estábamos nerviosos. Había charlas, risas, saltitos, estiramientos, palmas, ... Por fin empieza a moverse la marea humana. Han dado la salida, pero yo no lo he oído. Por encima de nuestras cabezas empiezan a volar las camisetas. Vamos caminando hasta pasar la salida, activamos cronos y empezamos a correr. Al poco empieza a llover. Me da gusto sentir en la cara a la compañera que he tenido durante tantos entrenamientos. Algunos refunfuñan aunque a la mayoría creo que nos da igual. Poco después oigo una voz que me llama por el nick ¡KHENE! Era Ivanno, de Correr en Galicia. Estuvimos rodando juntos y charlando. Debutaba en Maratón y estaba un poco nervioso. Primero me dijo que iba a por las 4 horas. Poco después que a por las 3h 45'. Le pregunté cual era su tiempo en media y me contestó que ¡1h 30'! Entonces le dije dos cosas: primero, que podía terminar en 3h30' sin problemas y segundo, que tenía que correr «SU» maratón, que no fuera a mi ritmo, que fuera al suyo, que ya nos veríamos en meta. La lluvia paró e Ivanno, al poco, desapareció de mi vista. No sé si porque mi conversación era muy aburrida, porque los militares iban cantando cerca de nosotros o porque se sentía con fuerzas para tirar más rápido. No lo volví a ver. Adelanté el globo de las 4 horas y seguí tirando. Más tarde me saludó Papá Baloo, un tío muy simpático. Nos saludamos, nos deseamos suerte y seguimos cada uno a lo suyo. Adelanté a una chica con una camiseta que ponía Ourense en la espalada y le di ánimos, identificandome como vigués. Un poco después me encuentro a mi chica animándome. Cuando me ve, sonríe y a continuación pone cara de espanto. ¿Qué pasará? ¿Tendré la cara muy congestionada? Me pregunta si se me soltaron los esparadrapos de los pezones. Me miro el pecho y veo una mancha de sangre sobre el pezón derecho. No sentía dolor y así se lo hice saber a ella. Corrió un rato a mi lado y después se despidió de mí. Poco después llegamos a Gran Vía. Se me escapó un «Guaaaaau» de admiración y oí a Papa Baloo a mi lado diciendo «Ésta es la parte que más me gusta». Me mostré de acuerdo con él. Más tarde me saludó Roy Orbison, otro forero de Correr en Galicia. Llegué a la media y sentí que la vejiga reclamaba mi atención. Eché un pis en el Parque del Oeste. Tenía dolor de tripa y sentía una ampolla en cada pie. Seguí corriendo aunque a veces los retortijones me doblaban con el dolor. De repente una enorme y sonora flatulencia se escapó por mi esfinter anal. Levanté la mano pidiendo disculpas a los que venían detrás, pero creo que no hubo heridos graves. El dolor de vientre se calmó un poco pero poco después volvió a incrementarse. No quería aflojar el esfinter por si el gas no venía solo y me fue doliendo la tripa toda la segunda media. Los kilómetros iban pasando. Por el camino un par de grupos de música amenizaban el paso. Algunas personas ponían música a tope en la radio del coche y abrían la puera para que se oyera más. La gente animaba, gritando. Poco antes de entrar en la Casa de Campo, la gente dejaba un pasillo muy pequeño para los corredores. Los gritos de ánimo eran ensordecedores. Poco después, un poco de paz. Custodiados por los árboles de la Casa de Campo, proseguimos nuestro peregrinar hacia la meta. En el kilómetro 33 me tropiezo con el muro.

¡PUM!

Ya no levanté cabeza. Las piernas no me respondían, el ritmo era cada vez más lento, pero apretaba los dientes y continuaba, paso a paso, segundo a segundo. Me adelanta un corredor que en la espalda llevaba las siglas GZ y me da ánimos. Me reconoció por el nick. En el kilómetro 37 estaba mi chica. Corrió un rato a mi lado, hasta que una voz le dijo en tono jocoso: «¡Pero deja el bolso, mujer!» Ella se echó a reir (es un encanto) y me dejó seguir solo hasta la meta. Fue una tortura. Intenté aumentar la cadencia o alargar la zancada pero era imposible. Las piernas no me obedecían. Sólo podía ir a ese ritmo cansino, de muñeco roto. Llegué a Atocha y no vi la señal del kilómetro 39. No sabía muy bien cuánto faltaba. Comenzaba la cuesta final. Casi tres kilómetos de cuesta. La gente nos animaba y nos vitoreaba «¡Ánimo! ¡Un poco más! ¡Ya habéis llegado!» Vi a un corredor que ayudaba a otro, que estaba un poco desorientado y le decía: «¡Venga, que sólo faltan unos cien metros» Pobre. Quedaban 2 kilómetros de agonía. Paso el 40, el 41 y ya voy enfilando la entrada al retiro. La gente estaba enardecida, animando como locos. Vi un corredor con la pierna tiesa por los calamabres que no podía continuar. Pobre, tan cerca. Los sanitarios se acercaban velozmente a él con una camilla. A lo lejos vi el kilómetro 42. Me emocioné, Tenía ganas de llorar y de reir a la vez. Siempre he controlado mucho mis emociones, pero en esta ocasión las deje fluir. Me sentí feliz, sonriendo, casi riendo. Un poco más, un último esfuerzo y crucé la meta con los brazos en alto en señal de victoria. ¡Lo había conseguido! Me dieron un plástico para cubrime la espalda y una medalla conmemorativa. Me puse ambos enseguida. Nos ofrecieron agua, isotónicas, manzanas, naranjas, frutos secos y un montón de cosas más. Me acerqué al puesto de Mahou y le dije al chico de la barra: «¡Una isotónica, por favor!» Se echó a reir y me contestó: «Si al menos fuera con alcohol. Pero ésta es una mierda «sin»». Tomé un trago y le di la razón. Comí una naranja, media manzana, unos pocos frutos secos y bebí un poco de agua. Poco a poco fui hacia la salida para encontrame con mi chica. Fuimos caminando hasta la boca del metro y sufrí al bajar por las escaleras. Al llegar al hotel, por fin pude aliviar el dolor de mis intestinos. Hice recuento de daños. El esparadrapo de un pezón se había levantado un poco y por eso había sangrado. Tenía una hermosa ampolla en cada pie, pero ya estaban secas, después de haberlas aplastado durante más de 20 kilómetros. Tenía un poco rozada una ingle. Una uña mal cortada me había hecho sangrar un dedo. Ya había notado la molestia. Por el resto estaba bien. Me duché y fuimos a comer. Ahora sí tomé una caña de verdad. Después cogimos el metro hasta El Paseo del Prado para dar una vuelta por el museo. Había una cola inmensa por lo que cambiamos de opinión y nos fuimos al Thyssen. Me sentía algo mareado y el cerebro me pedía que me sentara o que me tumbara, pero yo quería andar. Volvimos andando al hotel (unos cuatro o cinco kilómetros), recogimos el equipaje del depósito de maletas, fuimos al aeropuerto y llegamos a Galicia a las diez y cuarto de la noche. Mis hijos estaba esperándome en el aeropuerto y se lanzaron a nuestros brazos. Volví a casa y, antes de acostarme, me bebí un litro de agua. Me desperté varias veces durante la noche. Al día siguiente fui al trabajo con la medalla colgando del cuello. Estaba orgullos de haber terminado el naratón. Mis compañeros me felicitaron, aunque me dio la sensación que no saben muy bien el esfuerzo que representa terminar los 42 kilómetros. Uno que anda en bici en plan paseo me explicó las agujetas que tuvo una vez. Me daba la risa.

Creo que no he bebido suficiente durante la carrera y que parte de la pájara se debió a una pequeña deshidratación. La otra parte de culpa fue no haber cumplido mis ritmos objetivos. Hice la primera media más rápido de lo que debiera y después lo pagué. En los últimos 10 kilómetros perdí 15 minutos con respecto al ritmo que estaba llevando. Al fin y al cabo, todo son excusas. No me salió bien y ya está. La próxima será mejor. Lo importante es haber terminado. Pasé por meta 4h 02', quince minutos menos que el año pasado. El año que viene trataré de bajar otros quince. Sí has leído bien. El año que viene repito y, probablemente, por octubre caiga otro maratón. De momento, el próximo objetivo será la media de Betanzos.

Hoy he salido a rodar 25 minutos, muy suaves. Mañana descanso.


Un abrazo,

Khene >^-^<

viernes 24 de abril de 2009

Alea Jacta Est


Hace años leí la novela «Siempre en Capila» de Luisa Forrellad. El libro me gustó pero más aún me gustó el título. Ahora soy yo el que está «en capilla» (uy, que se me había escapado una «u» y estaba escribiendo «capulla» XD). Estoy entre una tranquilidad tensa y un nerviosismo sosegado.

Llevo toda la semana sin entrenar, salvo por el «paseo» de 8 kilómetros del lunes. Sé que el entrenamiento lo tengo en las piernas, que no he perdido forma física por una semana, que salga o no salga hoy a hacer 5 ó 6 kilómetros no va a cambiar nada, que el dolorcillo de la rodilla es algo normal y que el domingo no lo voy a tener, que no voy a perder el avión, que el domingo no me voy a quedar dormido, que no me voy a olvidar en casa nada imprescindible, ... Pero hasta pasar por debajo de las Torres Kio no voy a estar tranquilo ;D

Esta semana no he salido a entrenar porque he tenido mucho lío. Pensé que era mejor no forzar las cosas, dejar descansar a la rodilla y tomarme la semana con tranquilidad... ¡para qué más excusas! No me apetecía y punto ;D

Aunque no he hecho una dieta disociada estricta, sí he cumplido con lo que sugieren: he bajado mucho los hidratos los tres promeros días de la semana y llevo dos días comiendo pasta (de ésta la asqueo) y bebiendo mucha agua.

Muchas gracias a todos por los ánimos que me habéis dado. Me habéis ayudado muchísimo en los momentos en que no entiendes qué coño estás haciendo corriendo a medianoche, bajo la lluvia, con un frío que pela, robándole horas al sueño para ir a Madrid a machacar el cuerpo el 26 de abril y ¡encima pagar por ello!

La suerte está echada y el tiempo que falta ya se cuenta por horas. Y cada vez resuena más fuerte en mi cabeza esa frase, que empezó como un susurro y que ahora es un grito desforado:


¡¡¡¡¡¡A por el MAPOMAAAAAAAAAAA!!!!!!

martes 21 de abril de 2009

Estadísticas de los entrenamientos para el Mapoma

Haciendo números, para preparar este maratón he entrenado durante unos 600 km. Han sido 4 meses escasos, empezando después de Reyes y con un cambio de plan el 21 de marzo. Tengo unas zapas a medio gastar, que morirán en los entrenamentos de este verano, y otro par con unos doscientos kilómetros, que voy a llevar a Madrid. No sé cuántos litros de isotónicas me he ventilado pero mejor no calcularlo porque a continuación querría saber el mismo dato de las isotónicas de lúpulo y quizá no me gustara el resultado. He bajado cuatro kilos y medio durante el último mes, pero estoy 5 kilos por encima de los que tenía el año pasado por estas fechas. Ya me gustaría ver a Pedro Nimo corriendo con 15 kilos más ;-D

Hoy he salido a andar con una compañera de trabajo. Hemos caminado a buen ritmo durante casi 8 kilómetros. La molestia en la rodilla ya no la siento. Como suponía, estaba más en mi cabeza que en mi pierna.

Lo de la dieta disociada lo voy a dejar. Después de informarme y de leer las opiniones en Correr en Galicia, he entendido que no tiene sentido hacerla.

Ya tengo las tarjetas de embarque (o como quiera que se llame el documento de los vuelos con Ryanair) para Madrid. Ya estoy deseando que llegue el domingo.