miércoles, 8 de febrero de 2012

Un maratón, un capricho

Hay un chiste de Eugenio sobre un hombre al que le gustaba mucho jugar al póker y perder. Otro hombre le preguntaba si no le gustaba también ganar, a lo que él contestaba: «¿Ganar? ¡Ganar debe de ser la hostia!». A mí, como a la mayoría de los corredores, me encanta participar en carreras y perder. ¿Y ganar? ¡Ganar debe de ser la hostia! Y bien, ¿por qué participamos en una competición en la que estamos seguros de que no vamos a ganar, ni siquiera a conseguir un tercer puesto (ni un puesto trescientos o tres mil, según la carrera)? Porque compito con otros compañeros (que tampoco van a ganar) a los que les puedo vencer, pensarán algunos. Porque compito conmigo mismo, dirán otros. Porque lo importante es participar, dirán los más deportivos. No nos engañemos. Participamos en una competición porque NOS DA LA GANA. Porque  queremos y podemos y por tanto lo hacemos. Nos gusta la sensación de correr entre más corredores y de sentir que nos hemos esforzado en terminar una distancia en el menor tiempo posible. Nos gusta pasar a otro corredor aunque a nosotros nos hayan adelantado otros cincuenta. Nos complace hablar con otras personas que comparten con nosotros una afición y argot común: que si tantos minutos por kilómetro, que si el recorrido picaba para arriba y tenía toboganes en los últimos kilómetros, que salvo alguna tachuelita la primera parte se hacía muy bien, que si el Fore me marcó metros de menos, que si he hecho MMP y no me subieron las PPM, que si bien de sensaciones pero un poco tocado de pecho, que si se me subió un gemelo justo en la primera alfombra, que si me dio flato, que si tomé un gel, que si prefiero una barrita, que si tengo chip amarillo, que si voy a estirar isquios, ...

Primero nos atrevemos con nuestra primera carrera, un 10000 habitualmente o una distancia algo inferior. Es una carrera muy especial y la hemos elegido según criterios personales. Tras la primera, viene la segunda, la tercera y nos vamos aficionando. Según vamos ganando confianza, comenzamos a pensar en asaltar el siguiente reto: ¡correr un medio maratón! 21 kilómetros no es una tontería y precisa un poco más de esfuerzo y de entrenamiento pero es una distancia asequible. Conquistamos nuestro primer medio maratón y, a los pocos meses, correr una media se convierte en algo parecido a salir de paseo. Las distancias se contraen y nuestra percepción de los kilómetros se vuelve distinta a la del resto de los mortales. Cuando sales a entrenar y «sólo» haces 10 kilómetros, te sabe a poco. Los 15 ó 18 kilómetros de tirada larga de los domingos por la mañana, empiezan a quedarse escasos. Quieres más. Necesitas más. De pronto, una chispa que te rondaba por la cabeza empieza a hacerse más grande. El siguiente paso está ahí, la meta que te consolidará como corredor de fondo, que te permitirá entrar en el Valhalla de los runners, tu próximo objetivo: ¡Correr un Maratón!


¿Por qué corremos un maratón? ¿Por qué entrenamos para correr un maratón? ¿Por qué empleamos tantos cientos de horas en preparar una única carrera? ¿Por qué participamos en una competición que sabemos que no vamos a ganar? La respuesta vuelve a ser la misma: ¡PORQUE NOS DA LA GANA! Porque queremos y podemos y por tanto lo hacemos. Es un capricho. Nos apetece entrenar como burros durante 3 ó 4 meses para llegar a la fecha señalada en el calendario con un gran círculo rojo y correr 42 kilómetros y pico con otros caprichosos como nosotros. Porque queremos sentir los ánimos de los espectadores, aunque sabemos que sólo están animando para no aburrirse mientras esperan a que pasen sus conocidos o cuando les demos pena por nuestra cara rota por el esfuerzo, la angustia y el dolor. Porque queremos visitar la feria del corredor y ver de cerca a los keniatas y a los grandes atletas. Porque nos gusta viajar y pasar un fin de semana en otra ciudad. Y no lo hacemos para que nadie nos admire, ni por vanidad, ni para ganar nada, ni para superarnos a nosotros  mismos. Lo hacemos porque nos apetece, porque es un capricho, porque nos sentimos capaces de hacerlo, porque un home é un home, un gato é un bicho, un garabullo é un pau e un maratón... un capricho.

6 comentarios:

Andrés Pérez-Figueroa dijo...

Se puede decir más alto pero no más claro. Desde luego somos unos caprichosos :D

khene dijo...

Y unos privilegiados :-D

Antonio Martínez dijo...

Canta razón tes e que pouca xente nos comprende. Sorte no MAPOMA.

khene dijo...

Grazas, Antonio ;-)

Oscarunin dijo...

Me ha encantado esta entrada y mas en este momento de paron tecnico que tengo por culpa de la cintilla iliotibial grrrrr.
y ademas eso de empezar con 10.000 luego media y asi hasta maraton... la historia se repite una y otra vez cada vez que paras.. con la misma ilusion o mayor....
lo peor los malos momentos que .... NO PODEMOS , no porque no queramos.. jaja
saludos fiera

khene dijo...

Un saludo, Óscar ;-D