El día D a la hora H me presenté en la clínica de fisioterapia. Pablo (el fisio que me iba a atender) me estaba esperando y me hizo pasar directamente a una sala donde me estuvo haciendo preguntas para elaborar mi historial. Cuando tuvo claro qué me pasaba y que yo pertenecía al club de los locos que salen a correr, haga sol o llueva a chuzos, me condujo hasta otra sala con una camilla en el centro.
Comenzó a explorarme la pierna: Mueve la pierna para aquí... empuja hacia allá... ¿te duele si hago esto?...empuja al tiempo que estiras...haz una sentadilla mientras te agarro la pierna...ahora una media sentadilla...una salto mortal hacia atrás sin manos mientras te metes el dedo gordo del pie en un agujero de la nariz...bueno, esto último no... pero tampoco me hubiera extrañado mucho si me lo hubiera dicho.
Unos minutos más tarde, tras descartar problemas articulares, de menisco, de tendones y de otros músculos, apuntó con su dedo al presunto responsable de mis males: ¡el cuádriceps!
¡Qué alegría! Me senti aliviado. Ya sé que suena un poco raro lo de la «alegría» y el «alivio» pero, cuando una hora antes pensaba que estaba tocado del menisco o de la articulación de la rodilla, que debía de tener un problema de desgaste o incluso el cartílago roto, que podía tener una lesión grave y que tendría que dejar de correr, y ahora me dicen que el problema está en un músculo, puedes imaginar lo aliviado que me sentí. Además, era en un músculo conocido y siempre da un poco de sensación de familiaridad. ¡El cuádriceps! ¡El famoso cuádriceps de «voy a estirar los cuádriceps»!
Pablo me contó que las contracturas que tenía en el cúadriceps, desplazaban la rótula y me producían los chasquidos y el dolor. Concretamente me habló del vasto externo, del vasto interno y del recto anterior, mis nuevos amiguitos. El tratamiento consistía en eliminar esas contracturas para llevar la rótula a su sitio. Para ello había dos maneras de afrontar el problema:
Tratamiento A: Método conservador. Consiste en trabajar con las manos el músculo afectado hasta dejarlo descontracturado. Hasta la tercera sesión no comenzaría a notar la mejoría.
Tratamiento B: Método Invasivo. Mediante punción seca, se accede a los puntos gatillo y, produciendo contracciones en el músculo, se soluciona el problema. Es más doloroso pero, después de la primera sesión, ya se aprecia mejoría. Me advierte que la pierna queda dolorida un par de días.
No me lo pienso. El rápido, que mola más. No es lo mismo decir «me dieron unos masajes en la pierna» que «me trataron las contracturas mediante la técnica de punción seca sobre los puntos gatillo del vasto externo». Cuando el interlocutor pregunte qué es eso de la punción, o haga algún comentario acerca de la acupuntura, o de que si hay punción seca y punción húmeda, o de qué son los puntos gatillo, habrá caído en la trampa y no le quedará más remedio que oirme soltarle la chapa. Je, je, je, ¡qué maquiavélico soy!
Cuando creía que Pablo diría que me iba a dar cita para volver otro día, me suelta: «Voy a por las agujas». ¡Glups! Un momento después, vuelve con unas agujas estériles parecidas a las de acupuntura (ahora sé que de parecidas no tienen nada, que son muuuuucho más largas), un frasco de alcohol y un boli Bic. Comienza explorando concienzudamente el muslo, marcando con boli los puntos doloridos. Cuando termina con la pierna, me explica que va a clavarme la aguja en los puntos de dolor y que voy a sentir una contracción fuerte del músculo cuando alcance el punto gatillo. ¿Cómo? ¿Que me va a clavar una aguja donde ya me está doliendo? Creo que no va a ser tan buena idea. También me dice que tengo que irle avisando cuando sienta las contracciones. ¡Ostras! ¡Como en el paritorio! ¿Me pondrán también unas correas para monitorizarlas? ¿Cómo era aquello de la sofrología? Había que pensar en un color, ¿no?
Pablo determina con precisión el punto exacto donde me duele (¡¡¡¡justo ahííííííííí!!!), frota con alcohol la zona y se dispone a clavar la aguja en el lado exterior del muslo (perdón, que ahora ya sé como se llama: me realiza una punción en el vasto externo).
El momento de clavar la aguja es casi imperceptible. Me crezco. Esto está chupao. Ahora comienza a clavar y a retirar la aguja, profundizando cada vez un poco más. Ya no está tan chupao. Al cabo de un rato, la pierna se contrae súbitamente. «¡Una!», dije. Un rato más tarde llegó la segunda. Después hubo una tercera, una cuarta y una quinta. ¿¡¡¡Cómo c*ñ* era aquello de la sofrología!!!? La sexta contracción no daba llegado, y Pablo buscó buscó otra marca de boli en la pierna donde seguir con la tortura. Volvió a clavar la aguja y me preguntó: «¿Duele mucho?». ¡Mmmmmmmpff! Toda mi atención estaba centrada en soportar el dolor y tuve que hacer un esfuerzo para hablar sin perder la concentración. «Un poco pero soportable», mentí tratando de mostrarme como un tipo duro, y volví a sumergirme en mi autocontrol mientras trataba de contener una lágrima de dolor.
Tras terminar con el vasto externo, comenzó a trabajar con el recto anterior. Al cabo de un rato de no encontrar el dichoso punto gatillo, me dice: «Tienes mucho cuádriceps». Mi ego creció dos puntos. ¡Qué cachas estoy! Esto lo cuento mañana en el trabajo. «Voy a cambiar la aguja por otra más larga», añadió. Mi ego bajó cinco enteros. Aguja más larga x músculo más grande= más superficie de «enclavamiento» = más dolor. ¡Ups! 4 centímetros de aguja. 40 milímetros de punción. ¡40000 micras de dolor!
Una eternidad más tarde, Pablo dio por terminadas las punciones. Comenzó entonces el masaje para drenar los desechos derivados de la contracciones musculares. Era mi primer contacto con un masaje dado por un profesional. Según habia oído a correlegas, ahora vendría lo agradable y «quedaría como nuevo». ¿En cuanto sentí aquellas manos presionando sobre mi dolorida pierna me di cuenta de mi error y pensé «¿De verdad que la gente paga porque le hagan esto sin tener que curar una lesión?» Creía que un masaje era placentero pero aquellos dedos se clavaban en puntos de dolor que ni siquiera Chuck Norris conocía.
Por fin terminó la sesión. Me vestí como pude, doblando la pierna con cuidado para ponerme los pantalones y salí de la consulta con la pata tiesa. No sabía si la rodilla estaba mejor o no, porque me dolía tanto toda la pierna que no era capaz de decir si un punto concreto de ella dolía más que otro. En casa tomé un paracetamol y dormí como un tronco toda la noche.


5 khenentarios:
Pero.... Dónde te has metido..?? estás seguro que es un fisio como dios manda..?? O quizás ha probado contigo un método revolucionario..?? je,je... Bueno... Bromas aparte espero y deseo que la experiencia dé resultados positivos... En todo caso me ha encantado tu relato y el sentido del humor con que expresas tu sesión de "Punción seca"... Que te mejores...!!
Sí, hombre. Es un fisio como los de toda la vida, con sus corona de plumas en la cabeza, su máscara ritual,una calavera clavada en un palito, una especie de sonajero en la otra, el cuerpo pintado y vestido con un taparrabos. ¿El tuyo no es así? Lo único molesto son los cánticos y los saltitos que va dando mientras aplica el tratamiento. Je, je, je ;D
Ahora en serio. El resultado fue increíble. Lo contaré en el próximo post ;)
Me meooooo!!! Hacía mucho que no me reía tanto... y es que aunque yo lo de las punciones secas aún no lo he probado soy todo un experto en masajes profundos con codos clavándose a lo largo y ancho de toda la maldita pierna... bueno, de las dos malditas piernas. Al menos una vez al mes me acuerdo de la ilustre parentela de mi masajista (hay una de la que me acuerdo más... y es que mientras aplica fuerza sobre donde más duele te comenta lo mono que es su snautzer toy como si fuera lo más normal del mundo) así como de sus muertos... pero salgo como nuevo, oye. Molido, pero como nuevo... y venga!!! otra vez a correr, que para eso les pago.
A veces hasta encharco la camilla con el sudor de la tensión, el dolor y el grumpf!!! entre dientes que me sale de vez en cuando. Bienvenido al club, muchacho!!!
Ya sabes que dicen que los corredores somos masocas. Un abrazo, meu.
estoy buscando unas
Camillas Masajes por
que me han dicho que masajes con piedras calientes, ayudan en la columna vertebral.
Por favor, necesito con URGENCIA...¿Alguien conoce de alguna?
Gracias por la ayuda.
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